No se requería más esfuerzo, sino estructura: lo que me enseñó prepararme para ser PMP
- Ma. Eugenia González

- hace 2 días
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 1 día

Hubo una etapa de mi carrera en la que trabajaba muchísimo. Trabajaba en un banco, liderando proyectos de automatización. Horas extra. Reuniones eternas. Correos a medianoche (sí, todavía se manejaba todo por correo).
Y aun así, los proyectos no avanzaban como debían.
Cumplíamos tareas, sí. Pero los resultados… eran discutibles. El valor real se diluía entre urgencias, reportes y decisiones reactivas.
Durante mucho tiempo pensé que el problema era el contexto: clientes difíciles, más presión, más tecnología. Hasta que entendí algo incómodo, pero liberador:
No me faltaba esfuerzo. Me faltaba estructura.
Cuando dije “¡no más por favor!”
Recuerdo un proyecto en particular. Teníamos un buen software, indicadores por todos lados, un equipo comprometido, ero el presupuesto empezaba a gritar auxilio, los retrasos no se resolvían con horas extra, las prioridades cambiaban cada semana… y yo, con una gastritis severa.
Cuando revisamos a fondo, el problema no era técnico. Era de gestión. No sabíamos con claridad:
Qué generaba valor.
Qué tareas eran prioritarias.
Y, sobre todo, qué no debíamos estar haciendo.
Ahí empezó mi verdadero viaje como Project Manager Profesional.
Ser PMP fue pensar distinto
Tuve la suerte de ser de las primeras personas en certificarse como PMP en México. Y eso marcó un antes y después. Muchos creen que el PMP es memorizar procesos, ser burocrático. Te prometo que no es así.
Para mí fue aprender a:
Acordar y negociar antes de hacer
Gestionar expectativas (una de las tareas más importantes del PM)
Liderar con método sin perder flexibilidad
Negociar alcance, tiempo y costo con criterio
Me obligó a hacerme preguntas incómodas:
¿Esto aporta valor o solo ocupa tiempo?
¿Esta herramienta simplifica o solo agrega carga?
¿Qué tipo de liderazgo necesita este proyecto?
Y ahí cambió todo, y se notó en mis resultados y mi tranquilidad.
3 aprendizajes prácticos que marcaron la diferencia
1. Automatiza lo repetitivo. Protege lo estratégico
Tecnología sí, pero para lo operativo. El criterio y la priorización no se automatizan.
Tip: Haz una lista y marca qué tareas solo tú puedes hacer como líder. Todo lo demás, sistematiza o delega.
2. No todas las decisiones valen lo mismo
Antes, todo era urgente. Hoy, priorizo según impacto, riesgo y alineación.
Tip: Antes de reaccionar, pregúntate: “¿Qué pasa si no atiendo esto hoy?”
3. Liderar es negociar (y sostener conversaciones difíciles)
Muchos PM fallan por evitar conversaciones clave.
Tip: No digas “sí” tan rápido. Promete con criterio, cumple con fuerza. Ahí se construye la confianza.
El verdadero cambio
El día que dejé de cargar el proyecto y empecé a liderarlo con estructura, todo mejoró:
El equipo respiró y actuó con más autonomía.
Las decisiones se volvieron más claras.
El valor empezó a verse, no solo a reportarse.
No necesitas trabajar más. Necesitas un sistema que te permita pensar mejor.
La automatización llegó para quedarse. Pero el verdadero diferencial no es el software.
Es tu criterio
Tu liderazgo
Tu capacidad de decidir con foco en valor
¿En qué momento sentiste que trabajabas mucho… pero el impacto no era el esperado?
Te leo en los comentarios. Estas conversaciones sí transforman.









Comentarios