De la urgencia al propósito: alinear conciencias y voluntades para generar valor con proyectos
- Ma. Eugenia González

- hace 3 días
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Para ser exitosos, ¿es posible trabajar tanto en proyectos de “transformación” sin transformar el proceso de gestión?

Seguro lo has visto o te ha pasado: correr de junta en junta, apagar incendios, preparar reportes a última hora, ajustar avances en la noche para presentar al día siguiente. Todo urge porque “estamos en transformación”.
El proyecto “sale”… pero el resultado no es repetible, porque no hay un sistema de trabajo claro. El resultado depende demasiado de las personas: su experiencia, su voluntad, su disciplina ese mes.
Cuando el líder se va de vacaciones, todo se frena. Ahí está el punto ciego de muchas organizaciones: el problema no son solo las herramientas o la metodología. Es un tema de conciencia, voluntad y responsabilidad desalineadas.
Vivir en modo urgencia: el enemigo silencioso del valor
La neurociencia y los estudios sobre bienestar integral muestran algo incómodo: cuando vivimos en estrés constante, el cerebro entra en “modo supervivencia”. Como explica Estanislao Bachrach, en ese modo automático repetimos lo conocido, evitamos el cambio y priorizamos apagar incendios sobre aprender algo nuevo.
Eso es lo que pasa en muchos proyectos. Decimos que nos urge transformarnos, pero el día a día está dominado por la urgencia, el estrés y decisiones tomadas sin calma ni análisis de datos. En ese contexto, la transformación cultural de la gestión de proyectos se queda en el PowerPoint: un discurso atractivo que no llega a los hábitos ni acelera resultados, por más presión que exista por lograr las metas.
Alinear conciencias, voluntades y responsabilidades
Hoy sabemos que cuidar la salud física y mental no es un lujo, es una condición para pensar mejor. Simples hábitos pueden generar cambios visibles en poco tiempo. Vale la pena, porque transformar requiere calma para observar, aprender y mejorar.
Actuar en calma no significa que el resultado no importe; significa que dejamos de operar en automático y de tomar decisiones cruciales con prioridades cambiantes, individuales y muchas veces incompatibles.
Para generar valor real a través de proyectos no basta con un buen cronograma o una herramienta de seguimiento. Requerimos transformar la forma de gestionar, lo que impacta directamente la cultura individual y corporativa, es decir, la forma en que hacemos proyectos.
Para ello necesitamos tres niveles de alineación:
Conciencia: más que acordar actividades, es alinear el significado y beneficio del proyecto entre participantes y beneficiarios. Definir y recordar el para qué, el impacto que busca generar y cómo se conecta con la estrategia.
Voluntad: asegurar que exista en todos los actores la decisión genuina de invertir energía en cambiar la situación. Las transformaciones que valen la pena exigen más compromiso, foco y apertura al aprendizaje.
Responsabilidad: asumir la parte que le toca a cada persona y a cada rol para mejorar el proceso de gestión, no solo para cumplir tareas sueltas. En muchas organizaciones se aclaran responsables de acciones aisladas, pero no de orquestar una cultura de trabajo efectiva y en mejora continua.
Cuando estos tres elementos están desalineados, cualquier metodología se vuelve burocracia.
La transformación para ser más competitivos a través de proyectos sucede cuando el entendimiento del objetivo y la voluntad de cambiar se alinean en todos estos niveles. No hay atajos.
Hábitos que transforman proyectos (y cerebros)
El desarrollo profesional, liderazgo y buenos hábitos, siempre empieza por ti. Conviértete en el ejemplo a seguir. No se trata de grandes rituales, sino de acciones pequeñas y consistentes que cuidan tu salud mental y cerebral, y con ello contribuyen a una cultura de excelencia. Por ejemplo:
Pausa consciente antes de decidir. Antes de una reunión clave o una decisión crítica, detente 2 minutos: respira profundo, observa cómo está tu cuerpo y clarifica tu intención. Esa microcalma baja el ruido interno y mejora la calidad de tus decisiones
Reuniones que recuerdan el propósito, no solo el estatus. Inicia la reunión con una frase breve: “Este proyecto / reunión existe para…” y una pregunta: “¿Lo que estamos haciendo esta semana nos acerca realmente a ese impacto?” La mente necesita repetición para no perder de vista el sentido.
Acuerdos explícitos de responsabilidad compartida. Aclara desde el inicio quién se responsabiliza de qué, más allá de las tareas operativas, y den seguimiento a esos acuerdos. La claridad baja el conflicto y la victimización.
Respirar para regularte. Parece obvio, pero en modo urgencia se nos olvida respirar bien.
Para mantener equilibrio: inhala en 4 tiempos y exhala en 4 tiempos.
Para calmarte: inhala en 4 tiempos y exhala en 8 tiempos. Respirar así unos minutos cambia tu fisiología y tu forma de responder.
Del proyecto que agota al proyecto que inspira
Los proyectos que solo generan urgencia terminan agotando a las personas y debilitando la cultura. Eso no es sostenible. Los proyectos que alinean conciencias, voluntades y responsabilidades generan sentido, aprendizaje y resultados replicables.
Una cultura de excelencia no se construye solo con un curso nuevo o con el software de moda. Empieza con la decisión diaria, personal y compartida, de dejar el piloto automático, las quejas y la culpa, para recuperar la calma y hacernos dos preguntas honestas:
¿Estoy realmente generando valor con mi proyecto?
¿Qué puedo mejorar hoy en la forma de gestionarlo?
Porque, al final, la verdadera transformación no se mide solo en entregables, sino en la calidad de las decisiones que tomamos bajo presión.
Y esa calidad depende de qué tan dispuestos estemos a pasar de la urgencia… al propósito.









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