¿Te sucede que en ocasiones te sientes abrumado con cientos que pendientes que están en espera de ser atendidos?. La peor parte es que a veces, la saturación nos lleva a no atender ninguno de ellos, distraernos con cosas menos relevantes y terminamos sintiéndonos cansados y además culpables por no cumplir nuestras expectativas o las de otros.

 

Decidimos inconscientemente postergar por diferentes razones. Por ejemplo, por no saber a qué enfocarnos, no saber cómo hacerlo, no querer hacerlo porque parece no agradable o incluso por miedo a fracasar.

 

Nuestro cerebro trata de protegernos, y busca buenas razones para no enfrentar algo. Y lo peor es que en ocasiones la postergación no se extiende a unas horas o unos días, sino que puede haber asuntos que no atendemos por meses o incluso años, lo que puede generarte una enorme frustración y ansiedad. Es como sentirte asfixiado e inseguro.

 

Y lo peor, la postergación puede convertirse en un hábito en tu vida, lo cual va en contra de un sistema de logro que te genere satisfacción y plenitud.

 

 

Si identificas que postergar es algo que haces con frecuencia, es muy importante que lo atiendas cuento antes. Por ello, quiero compartirte algunas opciones para combatir la postergación.

 

  • Encuentra tu porque. En general, hay muchas más cosas que queremos hacer que el tiempo, energía y recursos que tenemos para ejecutarlas. Cuando tienes definido tu propósito y principales metas en las áreas de tu vida, te será mucho más fácil ser congruente al momento de actuar. Identifica tus prioridades y ve hacia adelante definiendo proyectos para lograr tus metas. Priorizar significa decidir, lo que implica decir que sí a algunas y decir que no a muchas más.

 

  • Identifica la causa. ¿Es miedo al fracaso o se trata de evitar una conversación difícil? Si comprendes mejor la situación, podrás tomar acción consciente de lo que quieres lograr, o del costo de no hacerlo. Escribe una lista de tus excusas para no ir hacia adelante, analízalas y busca una solución para cada una. Notarás que muchas son solo pensamientos limitantes.

 

  • Rutinas poderosas. Establece rutinas que te permitan mantenerte en tus prioridades más fácilmente. Definir y esforzarte por realizar un conjunto de actividades positivas que te eviten distraerte es una estupenda forma de no desviarte. Implementa rutinas matutinas para planear tu día y hacer ejercicio, para ir a la compra del supermercado y evitar comida chatarra, para pasar tus tardes aprendiendo algo nuevo o fortaleciendo tus relaciones familiares. Este tipo de estructuras facilitarán que “no te descarriles fácilmente”.

 

  • Pausa. En ocasiones, lo que necesitas es un momento de descanso. Pensar y hacer algo que le de un espacio a tu mente para retomar la acción. Es muy válido, sólo que define un lapso de tiempo para retomar tu rumbo.

 

  • Gestiona tu proyecto. Si lo que pasa es que no sabes cómo llevar a cabo tu meta, quizá te vendría bien conocer y aplicar herramientas de gestión de proyectos para definir con mayor claridad qué harás, cuándo lo harás, que recursos necesitas para ello, cuál sería el costo de esos recursos, de quién necesitas apoyo. Esto es gestión de proyectos, son métodos poderosos para hacer realidad tus metas.

 

  • Corre el riesgo. Sé generoso contigo y date la oportunidad de intentarlo y no hacerlo bien a la primera o la segunda o más aún. Una de las características fundamentales del éxito es la capacidad de fracasar, analizar el error y seguir adelante.

 

Una última recomendación. Si ninguna de estas funciona, quizá el universo quiere decirte que en realidad no quieres hacerlo. ¿Has pensado que probablemente deberías escucharlo? Considera la posibilidad de no ser la persona que esa imagen ideal que estás buscando ser desde hace años. Decir no y enfocar tu energía hacia otra cosa probablemente sería una muy buena forma de recargarte  y construir otras realidades más satisfactorias. Sólo tú sabes lo que es lo mejor para ti.

 

Elaboró: Maru González. MA, MP, PMP, PMI-ACP, PMI-PBA, DA Scrum Master, Coach

 

 

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