Todos queremos lograr nuestros sueños. Para ello, requerimos estructurar una visión y organizar nuestros recursos: tiempo, dinero, enfoque, en aras de hacerla realidad.

«Peor que no ver es no tener una visión propia, porque eso determina la forma como vives tu presente y le das sentido a tu vida»  Hellen Keller.

La pasión es necesaria, pero no suficiente. Es preciso priorizar, ya que asignar recursos a un buen proyecto que de desvíe de tu meta es un desperdicio.

Visión lentes

La primera recomendación para optimizar tu gestión de proyectos es no decir SI a un proyecto tan rápido. Los tiempos actuales son muy dinámicos, y nos exigen agilidad, pero también balance y optimización de recursos. Decir que si y no cumplir o alejarte de tu meta principal terminará deteriorando tu capacidad de acción, tus recursos y tu reputación personal y profesional.

Por otro lado, todos hemos iniciado un proyecto sin tener idea de cómo dar el primer paso, especialmente cuando se trata de algo muy innovador o donde no tienes experiencia. Y en medio de la alta incertidumbre actual, gestionando un amplio número de recursos, con fechas que acatar y un presupuesto ajustado, la dificultad se multiplica.

Vale recordar que el aprendizaje cuesta. Sin embargo, ¿no te parece que tener una estructura facilitaría tu proceso para evaluar e iniciar proyectos, y con ello disminuirá tu estrés? Esto es porque la incertidumbre desgasta. Gestionarla te permitirá evitar, o al menos disminuir, frustraciones, retrabajo y desperdicios innecesarios.

Te comparto 5 pasos básicos para evaluar si iniciar o no un proyecto:

  1. Valídalo con tu visión. Y si no la tienes, vislumbra alguna, al menos temporal, se convertirá en un faro guía fundamental. Con ello, define una meta concreta, y los indicadores que te guiarán para saber como vas y cuando ya lo lograste. Si la meta es grande, define puntos de verificación intermedios.
  2. Estructura una estrategia inicial para llegar ahí. Esta estrategia se conformará seguramente de uno o varios proyectos. Ordena su ejecución, qué primero y qué después.
  3. Elige. Prioriza este nuevo emprendimiento a la luz de los que tengas en marcha. Los recursos son finitos, no los desperdicies ni los pulverices en pequeños intentos truncos de construir algo que en ocasiones, no solo no es relevante, sino que te aleja de tu estrategia.
  4. Detalla. Si dijiste sí al proyecto, especifica el alcance, describiendo los productos finales que lograrás, con ello podrás identificar las actividades y los recursos necesarios, y validar que tu plan inicial sea realista.
  5. Corrobora tu planteamiento con clientes, usuarios y equipo. Un plan es valioso si representa un acuerdo de voluntades.

No sé si te pase a ti también, pero a mí me entusiasman muchas ideas, tiendo a la creatividad, más aún cuando aprendo, converso o veo qué sucede en el entorno y quiero avanzar más rápido. Y como resultado de tanto dinamismo y presión por la competitividad, quizá quieras hacer muchos proyectos a la vez. ¡Cuidado!

Dispersar tu atención y recursos no te hará más competitivo. Mejor enfócate, logra resultados y ve por más. 

 

Elaboró: Maru González, MA, MP, PMP, PMI-ACP, PMI-PBA, D Agile C, Coach

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Envíanos WhatsApp whatsapp