Te has preguntado ¿Qué es realmente la eficiencia?, ¿acabar más rápido y más barato un proyecto o tener un proceso más robusto y flexible?


La eficiencia y la alta competitividad de los últimos años nos han llevado a buscar, y en ocasiones a lograr, procesos muy “eficientes”, muy “lean” (ligeros y prácticos), que pretendían ayudarnos a llegar más rápido y más barato a cumplir la satisfacción de nuestros clientes y en general, nuestras metas.

Hoy, ante esta enorme transformación sin precedentes, nos vemos obligados a enfrentar muchas preguntas profundas, incluso filosóficas, sobre lo que considerábamos correcto, adecuado o exitoso.

Tanta eficiencia está llevando a las empresas a parar porque estamos taaaaaan conectados, taaaaan especializados, taaaaan “ligeros y prácticos”, que nos cuesta mucho más trabajo tener la capacidad de responder a un evento tan catastrófico como el actual.

Eficiencia en proyectos

El impulso de la eficiencia por encima de todo, se llevó consigo la mejora de procesos, la respuesta previa a riesgos, y ha eliminado en muchos casos redundancias, sistemas de gestión, tiempo para aprender, para fortalecer a la comunidad o para vigorizar el liderazgo.

Hace unos días estuve en una junta con un grupo empresarial donde mis compañeros comentaban sobre sus proyectos, que eran grandes, complejos e innovadores y al menos dos de ellos, consideran que contar con métodos o gestión de proyectos especializada «es complicado», quieren algo más «práctico».

Pero si hay una sola lección que aprender de la pandemia, es que la obsesión de la eficiencia, de lo extremadamente sencillo así como la disminución de costo para poder competir durante el último medio siglo ha socavado brutalmente la capacidad para enfrentar un evento tan catastrófico.

Contar con una cultura resiliente, con procesos claros y ágiles es hoy una joya que se notará en el corto plazo. Quien a nivel individual y corporativo tenga procesos definidos, pueda coordinar  de acciones más rápido con su entorno, gestionar sus emociones para recuperar la fuerza rápidamente y aprovechar nuevas oportunidades, tendrá la delantera y lo veremos rápidamente.

La eficiencia nos obliga a evitar la duplicación y la redundancia, aumentar la especialización y conectar más fácilmente las cosas. La resiliencia, por otro lado, nos permite adaptarnos a los cambios en nuestro entorno

Lo que antes era importante no urgente, hoy es la diferencia para sobrepasar este bache que parece que durará años: una cultura de excelencia basada en el trabajo colaborativo, la comunicación y la búsqueda de metas comunes internas y externas a la organización.

Si parar no es opción, aprovechemos para aprender a enfrentar una incertidumbre nunca antes vista con un proceso dinámico que facilite tomar decisiones sin datos y sobre todo a ajustar en el camino. Considero indispensable, aprovechar para reflexionar más profundamente en cuestiones más filosóficas, de esas que la vida acelerada de hace unos meses no nos daba unos minutos para abordar.

Cuestiones como: ¿qué es realmente la eficiencia, acabar más rápido y más barato un proyecto o tener un proceso más robusto y flexible?, ¿Qué indicadores nos son más útiles para medir nuestro avance?, los beneficios ¿son para todos los participantes incluyendo la comunidad o sólo para el cliente y el patrocinador?

Me parece que si no aseguramos un beneficio real para todo el entorno, seguiremos estancados un buen rato más

Es tiempo de reinventarnos, y quizá tengamos unos minutos más para ajustar nuestros valores, y con ello, nuestro concepto de eficiencia y éxito.

 

Elaboró: Maru González, MA, MP, PMP, PMI-ACP, PMI-PBA, DAgile, Coach

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