Los proyectos son emprendimientos temporales y únicos. Es fundamental que los participantes e involucrados se comuniquen y se pongan de acuerdo de forma cada vez más rápida y eficiente. La naturaleza de este tipo de trabajo genera condiciones complejas de interacción, donde afloran diferentes estilos, ambientes emocionales y por tanto interacciones sociales que pueden ser más o menos efectivas para lograr el objetivo. 

Afortunadamente cada vez más personas y empresas se dan cuenta que la Inteligencia Emocional es una  habilidad fundamental que debemos desarrollar si queremos tener éxito en nuestros proyectos.

Iniciemos por conocer un poco sobre el origen de este concepto.  Es un término creado por Peter Salavoy y John Mayer,  popularizado por Daniel Goleman (1996) a través de su libro llamado Inteligencia Emocional (IE). En general, la IE como concepto no se puede enseñar, debe aprenderse primero como concepto pero mucho más importante, aplicarlo en la práctica constante, siempre iniciando por la persona misma. En su libro,  Goleman explora la  “psicología interpersonal” en el campo de la neurociencia.

Al contar con más información sobre cómo funciona nuestro cerebro, conceptos como la empatía, la generosidad o la idea de que las emociones son contagiosas, tienen una base de explicación fisiológica. Hoy contamos con abundantes evidencias sobre la forma en que nuestra configuración cerebral condiciona nuestras relaciones sociales, al tiempo que estas moldean y configuran nuestro cerebro. Hoy podemos identificar las regiones cerebrales que se activan durante una determinada actividad o interacción social, así como los neurotransmisores que participan en este evento.

El concepto de inteligencia emocional revolucionó el desarrollo humano en las últimas décadas. Organizaciones que evaluaban a su personal basándose en el Coeficiente Intelectual o IQ, se dieron cuenta que con ello obtenían principalmente información sobre la capacidad lógico-matemática de la persona. Esto es importante pero no suficiente en la mayoría de los trabajos. Cualquier proyecto trascendente requiere necesariamente de la colaboración de un grupo de personas. Y, hablando de liderazgo, el éxito depende de otros.

Para desarrollar la inteligencia emocional se sugieren los siguientes pasos, que en este breve artículo sólo se mencionan, pero que en la realidad pueden requerir meses o años de proceso de cambio:

  1. Conocer las emociones propias
  2. Gestionar las emociones, comprenderlas y ajustearse buscando una reacción cogruente y pertinente para lo que la persona realmente quiere.
  3. Automotivación, ordenar las emociones al servicio de tus objetivos.
  4. Desarrollar la empatía.
  5. Manejar las relaciones con los demás.

La investigación sigue avanzando en el tema, y años más tarde el descubrimiento más importante de la neurociencia es el concepto de Inteligencia social:  nuestro cerebro está programado para conectar con los demás. Cada vez que dos o más personas se encuentran o se comunican, en sus cerebros se inician una “danza emocional”. Los investigadores dejaron de analizar un solo cerebro para corroborar que nuestro cerebro se comunica con otros como en una red inalámbrica de emociones.

Esto nos compromete a convertirnos en agentes de cambio en los ambientes donde colaboramos. Vale la pena la reflexión sobre: ¿cómo aporto a mi ambiente familiar? ¿laboral? Esto es más que sólo psicología, es biología. El lema “cuando sonrío yo, el mundo sonríe conmigo”, es absolutamente cierto. Un líder de proyecto debe desarrollar su empatía y gestión de relaciones con los stakeholders para poder ejercer una influencia que le permita sincronizar el trabajo de todos en pro del objetivo del proyecto. No podría hacerlo si no inicia por sí mismo, ¿cómo? a través de entrenamiento, coaching, terapia y principalmente una actitud de apertura para conocerse, recibir retroalimentación valiosa y objetiva y sobre todo ajustar lo necesario para mejorar su desempeño.

Si quieres liderar a otros, invierte al menos el 40% en liderarte a ti mismo. El liderazgo inicia por el primer paso: el autoconocimiento. Los líderes que se enfocan en construir autoconciencia tanto interna como externa, que buscan retroalimentación honesta y que preguntan qué en lugar de por qué pueden aprender a verse a sí mismos más claramente y a disfrutar el camino hacia el éxito

El principal premio de desarrollar la inteligencia emocional y social es que la persona no sólo se siente más plena y es más productiva, aunque lo más importante es que logra sentirse satisfecha y por tanto, más feliz.

Elaborado: Maru González, MA, MP, PMP, PMI-PBA, PMI-ACP.

 

 

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