El sueño de la Dirección o de cualquier persona que invierte recursos para realizar cambios o alcanzar metas a través de varios proyectos, es ver un reporte confiable, homologado, con las mismas métricas, que  de forma comparable indique el estatus de todos los proyectos, para tomar decisiones correctivas, preventivas y ajustar prioridades lo antes posible.

Lo anterior es uno de los principales objetivos de la gestión de proyectos, ya que te permite: optimizar la asignación de recursos, materiales,  personas y tiempo, en aras de una competitividad indispensable para tener un lugar en el mercado.

Conforme se multiplican los proyectos, se multiplican los puntos de vista y lenguajes diferentes, cada quién habla su propio lenguaje.  La falta de transparencia, discrepancias y sobrecostos relevantes en los resultados  obtenidos de los proyectos, insatisfacción de los clientes, retrasos importantes, errores, falta de alineación de la inversión de presupuesto y esfuerzo para lograr los objetivos estratégicos, son algunas de las razones por las que surge la necesidad de contar con una cultura madura de gestión de proyectos.

Una razón por la cual no funciona en ocasiones la intención de implementar  algunas herramientas de gestión de proyectos es que la Dirección y otros  tomadores de decisiones no conocen qué implica el concepto, o no saben qué esperar de este gran esfuerzo y, la experiencia nos indica que su implementación no representa mejoras en el ROI de forma directa ni inmediata. Estamos hablando de que, como todo cambio de cultura,  lleva su tiempo y es multifactorial.

Cada vez hay más industrias que entran beneficios diversos en una práctica profesional de gestión de proyectos, entre ellos, materializar estrategias de alto impacto  de forma efectiva.A man rock climbing.

Tomemos un ejemplo: un proceso de gestión de portafolio más estructurado podría ayudar a la empresa a seleccionar los proyectos correctos para generar las realidades que perfiló en su planeación estratégica. Las empresas no hacen proyectos porque pueden hacerlos, los hacen para obtener un beneficio, un resultado estratégico. Si se realizan proyectos que generan productos que la gente no usa, el proyecto no vale la pena. Suena lógico, pero en la práctica, es común seleccionar más proyectos de los que la empresa realmente puede ejecutar y no siempre se analiza con profundidad si su beneficio está alineado a la estrategia corporativa.

De acuerdo a un estudio realizado por el PMI en 2012 “Benefits Realization In-Depth Report”, solo la mitad de los proyectos alcanzan su presupuesto y fecha e término original, así como contribuyen a lograr los objetivos estratégicos. Este número se ve incrementado cuando las empresas miden que tan exitosos son los proyectos hasta en un 65%.  Esta diferencia pueden ser varios miles o millones de dólares.

Lo que podemos concluir es que existe un interés creciente por mejorar los resultados de los proyectos para competir con éxito y la gestión profesional de proyectos se perfila como una herramienta que proporciona beneficios para ello. Sin embargo, implica un cambio de paradigmas culturales que requieren tiempo, esfuerzo y sobre todo prioridad para mostrar los tan ansiados beneficios.

Elaboró: Jorge Martínez del Campo, MBA, PMP, Coach.

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